Espacio y tiempo: las milicianas.

Artículo 1. España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.

La instauración de la II República el 14 de abril de 1931 y la aprobación de su Carta Magna el 9 de diciembre de ese mismo año supusieron la conquista de numerosos derechos y libertades para el Estado español. Este nuevo marco legislativo permitió alcanzar una relativa igualdad de derechos entre mujeres y hombres que en la práctica resultó ser un cambio mucho más formal que real, ya que el discurso patriarcal, las actitudes machistas y los roles de género seguían presentes en la sociedad española.

Así pues, la República permitió el acceso en igualdad de condiciones de las mujeres al sistema educativo y al mundo laboral, aprobó el matrimonio civil y el divorcio, abolió la prostitución, despenalizó el aborto (si bien esto último se produjo en sus momentos finales) y reconoció el derecho al sufragio femenino, entre otras medidas. El acceso a la esfera pública, especialmente al ámbito político, contribuyó a la politización de las mujeres durante este periodo. Estas se movilizaron y se afiliaron a organizaciones políticas y sindicales femeninas como la Agrupación de Mujeres Antifascistas (comunista), Mujeres Libres (anarquista) y el Secretariado Femenino del Partido Obrero de Unificación Marxista (no estalinista).

El golpe de estado militar del 36 dejó un vacío parcial en el ejército que fue suplido con la incorporación de las milicias populares. Esta situación desencadenó la movilización del colectivo femenino en aquellas zonas que ofrecían resistencia a los golpistas. La movilización antifascista aglutinó a aquellas mujeres, generalmente jóvenes y politizadas, que quisieron defender tanto la República como los ideales que esta representaba. Este hecho constituyó un verdadero acto revolucionario en el panorama español ya que evidenció la apropiación de

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Agusti Centelles/Dao Magazine

espacios tradicionalmente masculinos y la ruptura temporal del discurso y de las estructuras patriarcales vigentes. Inmediatamente, las milicianas, que apenas representaban un pequeño porcentaje de la población femenina, se convirtieron en un símbolo contra el fascismo a nivel nacional e internacional: Rosario «La dinamitera», Lina Odena, Concha Pérez, Matilde Landa, Rosa Sánchez, Marina Ginestà, María Martínez, Casilda Méndez, Mika Etchebéhère…

Rosario, dinamitera,

sobre tu mano bonita

celaba la dinamita

sus atributos de fiera.

Nadie al mirarla creyera

que había en su corazón

una desesperación,

de cristales, de metralla

ansiosa de una batalla,

sedienta de una explosión […]

Rosario, dinamitera,

puedes ser varón y eres

la nata de las mujeres,

la espuma de la trinchera.

Digna como una bandera

de triunfos y resplandores,

dinamiteros pastores,

vedla agitando su aliento

y dad las bombas al viento

del alma de los traidores 

 Miguel Hernández (ca. 1937)

Los partidos, sindicatos y demás organizaciones políticas las usaron en sus carteles propagandísticos como icono de resistencia, ataviadas con el mono azul de trabajo y el fusil correspondiente. De esta forma, consiguieron mitificar el papel de la mujer en la lucha armada e instrumentalizarlo para, realmente, animar a los hombres a que se enrolaran en las milicias.

Sin embargo, con la reorganización del ejército republicano en octubre de 1936, se tomó la decisión de limitar el papel de las milicianas en el frente y, por este motivo, fueron relegadas a la retaguardia en papeles y trabajos más acordes con los tradicionales roles de género: cocina, cuidados en hospitales y refugios, confección de indumentaria militar en fábricas… Se solía recurrir a la consigna «Hombres al frente, mujeres a la retaguardia». Pero no solo fueron apartadas de la primera línea de batalla sino que además fueron objeto de una propaganda mediática bastante agresiva y misógina: eran tildadas de prostitutas y transmisoras de enfermedades venéreas. A partir de entonces se optó por publicitar la imagen de la madre combativa en lugar de la mujer combativa per se, más en consonancia con la imagen tradicional de mujer.

Las milicianas sufrieron el desprecio de los que en teoría eran sus compañeros de lucha. Lamentablemente, también sufrieron el odio, las vejaciones y la violencia de los golpistas cuando eran apresadas, ya que para ellos representaban un modelo de mujer totalmente repulsivo: republicanas, comunistas, anarquistas, obreras, acaparadoras de los espacios de dominación masculina y destructoras del rol tradicional femenino y de la familia de tradición judeocristiana.

En resumidas cuentas, las milicianas ocuparon un papel bastante transgresor, activo y nada tradicionalista en un momento de la historia de España bastante significativo que, sin embargo, ha quedado en numerosas ocasiones relegado al olvido.

Bibliografía

Alcón Sornichero (2006). «Resistencia y compromiso de las mujeres antifascistas». En Asparkía, 17, pp 141-164.
Cortes constituyentes (1931). Constitución española de 1931.
I. Jiménez. Las mujeres en la Guerra Civil española [documental]. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=f5_f3Q7_bio
Nash, M. (2006). Rojas: las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Taurus.

 

Autora: María Jiménez


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